Me sabe igual la miel, el gusto no va
Enferma, divina, más bien, convertida
A un ritmo desigual, del todo casual
La mina de oro que alguien pudo explotar
El cauce de un río que no deja de llorar
Vives oculta en la madriguera de mis sueños
Solapada, encaramada, por fuera
quimera de color azul
Dulce, agria y fría, tal controvertida
Asoma su mirada por la calle de papel
Baila, querida, que no quiero bailar
Me ven taciturnos mis propios ojos
Ahora que el frío y el calor son lo mismo, querida...
...¿me vas a dejar salir?
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